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Shattered Glass

La película Shattered Glass (2003) cuenta la historia de Stephen Glass, un periodista que trabajaba en la revista The New Republic, y cuya carrera fue ascendiendo hasta que se descubrió su forma de trabajar. Para Glass la ética no existía, él simplemente quería sobresalir en su profesión sin importar cómo. El joven inventaba las noticias que escribía y por ende, también las fuentes que citaba. Un día la competencia empezó a averiguar sobre una nota que Stephen escribió acerca de los Hackers, y fue entonces cuando se supo toda la verdad. El editor de la revista optó por despedirlo, algunos lo apoyaban y otros no ya que argumentaban que el deber de un editor es respaldar a sus escritores a costa de lo que sea.

El periodista sirve a la sociedad ya que proporciona la información y los conocimientos que a ésta le interesa y necesita. Tiene la posibilidad de ayudar a las personas a formar su propio criterio y fortalecer los procesos democráticos de un país. Sin embargo, hay algo que el periodista no debe olvidar: el protagonista no es él sino la noticia. Debe dar a conocer la verdad ante todo porque el periodismo se fundamenta en la realidad, no en la imaginación, como ocurrió con Glass.

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Periodismo ético ¿es posible?


Stephen Glass no sabía que su carrera como periodista terminaría cuando su secreto fuera descubierto. Glass era un joven periodista estadounidense que logró escalar hasta redactor de una revista de suma importancia: The New Republic.  Con tan sólo 26 años, agregó a sus artículos y reportajes datos ficticios y en algunas ocasiones el trabajo entero era falso. Se descubrió que al menos 27 de 41 historias escritas por él habían sido inventadas.

Al igual que él, actualmente existen periodistas que no les importa agregar unos cuantos datos de su propia invención para dar emoción a sus notas. Pero, ¿cuál es la principal razón por la que realizan esa mala práctica? Pienso que es la ambición desenfrenada de ganar lectores, de ser reconocidos por sus historias y sobre todo de ver a toda costa sus nombres escritos en el papel. Hace varios años la cadena televisiva CBS realizó una entrevista a Glass, en la que declaró: “Quiero que crean que yo fui un buen periodista, una buena persona. Quiero que amen la historia así podrán amarme a mí”. En lo personal, pienso que no hay mejor prueba para dar a conocer que él quería la fama.

El inventar fuentes o datos en el ejercicio periodístico no es ético ya que atenta contra los más importantes principios que lo conforman tales como la veracidad, la objetividad y la imparcialidad que tienen como objetivo informar, formar y entretener. Cuando un periodista no los cumple está engañando a la audiencia, probablemente los está entreteniendo pero a base de fundamentos irreales, lo cual a largo plazo es difícil de creer. Cuando se descubre la verdad, en muchos casos, significa el final del ejercicio periodístico de esa persona, ya que con su credibilidad perdida es muy difícil que algún medio de comunicación confíe de nuevo en su trabajo.

Sin embargo, no todos los periodistas son así. Como en todas las profesiones, hay quienes llevan a cabo malas prácticas para favorecerse, pero también los hay quienes se esfuerzan es su trabajo y van en busca de la verdad para dar a los demás lo mejor de sí mismos y así contribuir al mejoramiento de  la sociedad. El periodismo ético sí es posible, siempre y cuando los profesionales practiquen sus principios y valores en todo momento. Claro está que hay momentos en los que parece más fácil tomar decisiones que no son éticas, pero en realidad esas decisiones sólo entorpecerán el trabajo bien hecho.

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